Cuando el poder se divide, la verdad se asoma - Radio Voces Libres

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sábado, 11 de abril de 2026

Cuando el poder se divide, la verdad se asoma

 


Durante años, el oficialismo se presentó como un bloque sólido, compacto, casi inquebrantable, Morena, Partido del Trabajo y Partido Verde caminaron bajo una misma narrativa: la de un proyecto común que supuestamente representaba la voluntad del pueblo, sin embargo, hoy esa narrativa comienza a resquebrajarse, como cualquier cosa que se cimiente en intereses propios y no en los colectivos. 

La reciente discusión en torno a la reforma electoral no solo abrió un debate legislativo, dejó al descubierto las fracturas internas de un bloque que, en los hechos, nunca fue tan unido como pretendía parecer, ya que las diferencias entre quienes hasta hace poco se llamaban aliados no son menores, son profundas, y responden a intereses que poco tienen que ver con la ciudadanía, intereses ocultos que siempre estuvieron ahí, pero que actualmente se dejan ver públicamente. 

Cuando un partido frena una propuesta clave de su propio bloque, no estamos ante un simple desacuerdo técnico, estamos frente a una señal clara de desconfianza, de cálculo político y de disputa por el poder. Porque al final del día, lo que está en juego no es cómo fortalecer la democracia, sino quién la administra y bajo qué reglas, y eso es lo verdaderamente preocupante para cada uno de nosotros. 

México no puede ser rehén de proyectos que cambian las reglas a conveniencia, ni de alianzas que se sostienen mientras los beneficios se reparten de manera equitativa entre sus integrantes, ya que, cuando esa distribución se rompe, también lo hace la supuesta unidad, y eso es exactamente lo que hoy estamos presenciando. Pero en medio de esta disputa, hay una pregunta que no puede quedar en segundo plano: ¿dónde queda la ciudadanía?

Mientras el oficialismo se divide por intereses internos, millones de mexicanas y mexicanos siguen enfrentando los problemas de siempre: inseguridad, falta de oportunidades, servicios públicos insuficientes y una economía que se cae a pedazos. La política no puede seguir girando en torno a los cálculos de poder, debe volver a centrarse en las personas, y es aquí donde el PRI tiene una responsabilidad histórica, porque no se trata solo de señalar las contradicciones del gobierno, se trata de representar una opción real, de defender el equilibrio democrático y de recordar que ningún poder debe ser absoluto, porque cuando no hay contrapesos, la democracia se debilita; pero cuando el poder se fragmenta, se abre una oportunidad, una oportunidad para que la ciudadanía observe, cuestione y decida.

Hoy más que nunca, México necesita una sociedad informada, crítica y participativa, una sociedad que no se conforme con discursos de unidad que en la práctica no existen, y que entienda que las divisiones del poder no son una tragedia, sino una señal de que el sistema necesita equilibrio.

Porque al final, la verdadera fuerza de este país está en su gente, en aquellos que formamos el México actual. Y cuando la gente despierta, ningún bloque, por más poderoso que parezca, puede sostenerse únicamente sobre la simulación.

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