La escena es familiar: enormes espectaculares invitan a participar en un ejercicio de revocación de mandato que pronto se celebrará en Oaxaca, programado para el 25 de enero de 2026. Pero la pregunta que muchos nos hacemos es simple y directa: ¿de dónde viene el dinero para colocar tantos anuncios? y más importante aún: ¿por qué hay tanta prisa por promover algo que debería ser una decisión ciudadana libre y sin presiones?
Colocar publicidad no es barato. Cuando encontramos espectaculares en la capital de Oaxaca llamando a votar en el mecanismo de revocación, la pregunta se vuelve inevitable: ¿quién paga ese espacio? ¿Son recursos públicos, colectivos civiles o intereses particulares? ¿Quién está detrás realmente de esa difusión?
Y aquí llegamos a otro punto clave: cuando una herramienta democrática se convierte en espectáculo publicitario, pierde su sentido original. La revocación de mandato fue pensada como un derecho ciudadano para evaluar el desempeño de un gobernante, no como una plataforma propagandística que ocupa espacios públicos sin claridad de financiamiento ni neutralidad. Si no se cumple con los requisitos de transparencia y equidad, ¿realmente podemos decir que este ejercicio se vive con libertad?
Más aún: ¿acaso la revocación es una prioridad para Oaxaca? Mientras se gastan recursos en grandes anuncios, la gente sigue enfrentando problemas reales como inseguridad, escasez de servicios, fallas en salud, educación y un abandono del campo que no admite espectaculares para mejorar la vida cotidiana. ¿No sería más coherente que quien promueve este ejercicio demostrara con hechos que entiende las prioridades de las y los oaxaqueños?
Que no se nos olvide que la verdadera participación no se mide por la cantidad de anuncios, sino por la calidad del debate, la transparencia y la confianza ciudadana.


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