Hace unos días alzaba la voz desde nuestra conferencia de prensa sobre las denuncias presentadas en contra del Sistema DIF Oaxaca, hicimos un llamado a este gobierno a atender las quejas y supervisar los albergues; dijeron que todo estaba bien.
Lamentablemente la tragedia que hoy indigna a Oaxaca no se puede suavizar ni justificar. Dos niñas migrantes de origen haitiano murieron dentro de un albergue operado por el Sistema DIF Oaxaca, en la Casa Hogar “Patos”.
El DIF debería ser uno de los lugares más seguros para cualquier niña o niño. Ahí se supone que hay vigilancia, cuidado y responsabilidad permanente. ¿Hasta cuándo vamos a permitir las omisiones, la red de nepotismo y la incapacidad de esta administración?
La indignación crece porque no hablamos solo de dos menores más. Hablamos de niñas migrantes, pequeñas que ya venían cargando historias difíciles, lejos de su país y confiando en que aquí encontrarían protección. Dependían totalmente de las instituciones, y esas instituciones les fallaron.
No basta con separar a algunas funcionarias después de que ocurre una tragedia. Eso no devuelve vidas ni corrige el problema de fondo. Lo mínimo que merece la sociedad es una investigación clara y responsabilidades firmes en la forma en que se cuidan estos espacios, y nosotros estaremos atentos.
Hoy lo que la gente exige es verdad, justicia y garantías de que nunca más vuelva a pasar algo así, pero sobre todo que se deje de mentir y decir que “todo está bien”.


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