El gobernador anunció con bombo y platillo cambios en su gabinete. Se intentó presentar como un golpe de timón, como un acto de autocrítica y renovación. Pero cuando se revisan los nombres, los perfiles y el fondo de las decisiones, la realidad es otra: no hay cambio de rumbo, hay maquillaje político.
Después de una revocación de mandato que dejó claro el descontento de cientos de miles de oaxaqueños, lo mínimo que se esperaba era una sacudida profunda en la forma de gobernar. No el simple retiro de algunos familiares que ya estaban bajo la lupa por acusaciones de nepotismo.
Porque si el problema era el nepotismo, entonces estamos ante una admisión de que existía. Y si se retira a unos cuantos señalados, pero no se modifica la estructura de decisiones, ni la estrategia de seguridad, ni la política de salud, ni el abandono al campo, entonces solo se corrige la forma, pero no el fondo.
Oaxaca no necesita movimientos administrativos para calmar la crítica. Necesita resultados. El gobernador tiene derecho a reorganizar su equipo; lo que no tiene derecho es a presentar ajustes obligados por la presión pública como si fueran una transformación histórica. Si de verdad se quisiera enderezar el rumbo, veríamos perfiles con experiencia probada, decisiones que rompan con el amiguismo, evaluaciones públicas de desempeño y una ruta clara para atender lo urgente. Lo demás es narrativa.
Desde la oposición seguiremos señalando lo que está mal y exigiendo lo que el estado merece: resultados reales, transparencia verdadera y hechos, no simulaciones. Porque cambiar para que nada cambie no es gobernar. Es simular.



No hay comentarios:
Publicar un comentario